El Cementerio de Fisterra (César Portela)

Finisterra, el fin del mundo


La etimología de la palabra Finisterre nos habla de un topónimo relacionado con el límite entre tierra y mar, entre lo conocido y lo incierto, entre este mundo y otro sin ataduras. En un entorno físico como este cabo de la Costa da Morte, donde ancestralmente se pensaba que acababa el mundo, se sitúa un cementerio civil proyectado por el gallego César Portela para el municipio de Fisterra. El enclave es un terreno abrupto con una orografía pronunciada que dibuja acantilados contra los que rompen con fuerza las olas del Atlántico. Tierra, mar y cielo se funden en este punto ofreciendo un espectáculo sobrecogedor que predispone al visitante hacia sensaciones trascendentes.
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El autor
El arquitecto César Portela nació en Pontevedra y se formó en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona donde se graduó en 1966, obteniendo el doctorado dos años después, Algunos de sus trabajos más significativos son el faro de Punta Nariga en la Costa de la Muerte, el acuario de Vilagarcía de Arousa, las célebres viviendas de Campaño o la estación de autobuses de Córdoba. Pero la dimensión de la figura de Portela no se limita al ámbito nacional, también ha desarrollado una prolífica carrera en el extranjero. El edificio de la prefectura de Toyama en Japón es uno de sus trabajos mayores fuera de nuestras fronteras. Su capacidad de innovación en el diseño arquitectónico y su amplia labor formativa le han hecho merecedor de varios galardones. Este gallego continúa erigiendo edificios que no hacen sino acentuar la que siempre fue su vocación, la cual intenta siempre llevar hasta sus últimas consecuencias a través de las dos rupturas que rigen su obra: una, con el ensimismamiento, para afrontar (desde la arquitectura) problemas sociales y la otra, con las modas.

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La obra
El resultado final del proyecto para este cementerio se consigue apoyándose en tres “pilares” fundamentales: el diálogo con el entorno privilegiado, la referencia a la cultura clásica y la constante confrontación de conceptos. Portela pone sobre la mesa una batería de ideas contrapuestas de cuya fricción nace la chispa de esta obra. En el plano físico tendríamos tierra-mar o edificaciones-horizonte, en el de los conceptos estarían terrenal-trascendente u orgánico-abstracto. La cultura clásica sale a colación por la forma de disponer el programa de necesidades de un cementerio. En la sociedad actual se tiende a definir el cementerio como un camposanto con unos límites físicos bien definidos que encierran el programa en su totalidad y protegen las actividades y los elementos físicos interiores. Sin embargo aquí se utiliza el modelo de la Via Sepulcrae pompeyana en la que se disponían los panteones y sepulcros junto a una calzada fuera de la ciudad. En Fisterra se podría decir que la protección es el propio entorno por los accidentes orográficos que propone. El diálogo con el medio físico se produce mediante una auténtica operación de land art que busca la abstracción de los objetos que conforman el cementerio.

 

Así las cosas, se llega a una serie elementos prismáticos puros que quedan situados en el paisaje como si hubiesen rodado por la ladera hasta su ubicación definitiva. El único vínculo entre ellos es el camino que los ata. Las piezas, que albergan a los difuntos, orientan una de sus caras menores hacia el mar ofreciendo un pequeño espacio de cobijo y recogimiento entre los nichos y la inmensidad. El conjunto edificatorio se compone de tres elementos situados a mayor cota, mas una sucesión de piezas en una cota inferior. Los tres primeros elementos están destinados a los usos de apoyo de un cementerio (oratorio y sala de autopsias) y, aunque se basan en el mismo lenguaje prismático, su definición es distinta. El resto de piezas albergan los nichos. Todos los objetos quedan atados por una red de senderos que serpentean produciendo bancales, muretes y plazoletas para la contemplación y el descanso. La imagen final del conjunto tiene una enorme fuerza visual por la pureza y abstracción de la secuencia de elementos colocados como rocas artificiales sobre el terreno orgánico inclinado.
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Definición constructiva

La construcción de los módulos habla de la doble identificación de la tumba como roca y como casa. Formalizados por la unión de grandes piezas de granito gris de Mondáriz, los elementos edificados aparecen semienterrados en su lado de la pendiente, ampliando en terrazas irregulares la senda de tierra que vertebra el cementerio-itinerario. El frente que se abre al mar aparece ligeramente despegado del suelo. Una breve escalera (moldeada en hormigón) se coloca ante cada módulo de nichos facilitando el tránsito entre el mundo orgánico y terrenal y el de la abstracción y el recogimiento.

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